A primera vista, la granja de BioTTernera podría ser como otra cualquiera. En un paraje fantástico en Biota (Zaragoza), con unas 60 hectáreas agrícolas, pastan 80 vacas que cada año dan a luz a unos 60 terneros. Hasta ahí, nada fuera de lo común. Pero su administrador, Enrique Lafita, un enamorado de los animales, quería ofrecer un servicio diferencial, algo que permitiese a niños y mayores conectar con las reses. Así ha lanzado la posibilidad de ‘apadrinar’ un ternero.

Desde el momento del apadrinamiento, el consumidor mantiene un contacto continuo con el animal, virtual y físicamente. BioTTernera le envía correos electrónicos con fotografías y vídeos de la cría durante las experiencias más importantes de su crecimiento. Así, el ‘padrino’ puede ver cómo amamanta, cómo corre con los otros terneros y cómo, poco a poco, se convierte en adulto.

La granja incluso ofrece la opción de ir a visitarlo personalmente tantas veces como se desee “porque es suyo”. Muchos de los ‘valedores’ son niños de la zona, que aprovechan los fines de semana para jugar con su animal.

Y cuando crece, ¿qué? Se sacrifica y se envía a casa fileteado y envasado al vacío en paquetes de un kilo. ¿Una crueldad? Para Lafita, no es más que “el ciclo de la vida”. Él lo aprendió desde muy joven. Siempre quiso tener su propio ternero. Amaba a los animales. Cuando hizo la comunión, su sueño se convirtió en realidad, aunque con una condición: “Mis padres me dejaron tener un ternero sólo si a los 12 meses era sacrificado. Así podía tener uno cada año”, recuerda.

Algunas reses de la granja de BioTTernera en Biota.E. M.

De adulto, Lafita ha convertido de su afición su profesión. Ahora replica su experiencia ayudando a que otros niños puedan tener un acercamiento “positivo” hacia los terneros y “conocer de dónde viene la carne que se comen”. Asegura que, tanto en las visitas guiadas como en las fotografías y vídeos, se transmite valores de “cuidado y respeto”.

Pero de su sistema de “carne personal” también tiene ventajas de calidad alimentaria, ya que permite la “trazabilidad total” del animal. De esta forma se crea una ficha individual para cada ternero, en la que figuran todos sus datos y los del titular de la explotación. Este documento acompaña en todo momento a la res hasta su llegada al matadero. Las salas de faenado y despiece disponen de un sistema informatizado que permite garantizar el ciclo completo de los productos elaborados, haciendo constar en cada tipo de pieza un código que lo relaciona con el animal de procedencia. De este modo “se consigue una trazabilidad completa del producto pues el proceso de identificación y control abarca desde nuestra explotación hasta el consumidor”, afirman desde BioTTernera.

FUENTE: El Mundo